En el Año de la Misericordia hemos vivido con intensidad la ternura compasiva de nuestro Dios, rico en Misericordia.

Al realizar la peregrinación y atravesar la Puerta Santa, experimentamos la gracia del perdón y la conversión, obteniendo, además, la indulgencia misericordiosa que nos ha dispensado la santidad de la Iglesia.

Durante este tiempo santo, descubrimos el valor cristiano de las obras corporales y espirituales, creciendo así en la conciencia del valor de la misericordia para la vida cristiana. El compromiso de ser misericordiosos no concluye el 19 de diciembre, cuando el Papa Francisco cierre la Puerta Santa. Vivir la misericordia en cada momento de nuestra vida, continúa siendo un gran desafío hacia adelante.

 Para dar continuidad a la misericordia, incorporándola a nuestra vida cotidiana, proponemos hacerlo mediante las dos oraciones que nos identifican como católicos correntinos: la oración a la Cruz de los Milagros y la oración a Nuestra Señora de Itatí. En las profundas palabras de esas oraciones, expresamos el inmenso amor que Dios nos manifiesta en la mirada tierna de nuestra Madre de Itatí, “miraste con ojos de misericordia por más de cuatro siglos a todos los que te han implorado”. Esa experiencia, única y conmovedora, de ser mirados con misericordia por Ella, nos lleva a ser “misioneros de la misericordia”, como reza la oración ante la Santísima Cruz de los Milagros.
Que lindo sería que la proclamación diaria de estas dos oraciones, en el contexto vivido del Año de la Misericordia, nos lleve a ser misericordiosos, como una forma habitual de vivir nuestra vida cristiana. Por ello deseamos:

Comprometernos como Iglesia correntina a

 - Promover y establecer Cáritas en todas las Parroquias para aliviar las carencias de los que menos tienen.

 - Procurar la disponibilidad de todos los sacerdotes para celebrar el Sacramento de la Reconciliación y mantener en las parroquias horarios semanales y fijos para ese fin.

 - Formar equipos de Pastoral de la salud en las parroquias para responder a la demanda de visitar y acompañar a las personas enfermas y ancianas.

En nuestras Comunidades parroquiales

- Involucrarnos más en las actividades parroquiales y diocesanas, sobre todo las que están vinculadas a las obras de misericordia.

 - Salir a buscar a los alejados, haciendo realidad una “Iglesia en salida” y misericordiosa.

 - Acoger fraternalmente a los que vuelven, abrazarlos con afecto e integrarlos a la vida y actividades de la comunidad.

En la Catequesis

- Procurar una real iniciación de los catecúmenos, acompañándolos en la práctica de la oración diaria, la Misa dominical y la confesión frecuente, colocando un acento especial en las obras de misericordia corporales y espirituales.

 - Alentar a los iniciados a integrarse a los grupos y movimientos de la parroquia, para garantizar la práctica de la vida cristiana y el fervor misionero.

En el Matrimonio y la Familia

 - No renunciar jamás al diálogo en la pareja, sobre todo en los períodos de crisis.

 - Desterrar toda violencia verbal y física entre los miembros de la familia, especialmente mediante el ejemplo de los padres.

 - Preocuparse responsablemente de transmitir los valores cristianos a los hijos, rezar con ellos, dedicarles tiempo para escucharlos y estar con ellos, y dándoles testimonio de la alegría del amor.

En los Movimientos

- Procurar practicar las obras de misericordia corporales y espirituales dentro y fuera del movimiento, tratándonos siempre con las palabras de: “permiso, perdón, gracias”, que abren las puertas del corazón humano.

 - Participar activamente en la comunidad parroquial y diocesana, aportando la riqueza carismática del propio movimiento y creciendo en la comunión y misión de la Iglesia.

 - Comprometerse a ser buenos ciudadanos y promover el cuidado de la casa común, siendo respetuosos y austeros con los bienes de la creación, que Dios nos ha confiado.

En las Escuelas católicas

- Iniciar en la vida cristiana a los alumnos. Entusiasmarlos con los valores que nos identifican como cristianos, enseñando sobre todo con el ejemplo.

 - Educar en el respeto por todos y cada uno, sin excluir a nadie, ni discriminarlo por su apariencia o posición social; no burlarse ni dejarse llevar por cualquier tipo de violencia verbal o física sobre los otros.

En la visita a los enfermos

- Visitar a los enfermos y ancianos, sobre todo a los que están solos en los hospitales y los hogares de ancianos.

 - Integrarse a los grupos de la pastoral de la salud y colaborar en la tarea de aliviar, acompañar y ayudar a vivir con sentido cristiano el dolor y las limitaciones que imponen los años.

En el trato pastoral con los encarcelados

- Poner en práctica dos obras de misericordia vinculadas a los detenidos en las cárceles: visitar a los presos y corregir al que se equivoca.

 - Ofrecerse para colaborar en la pastoral penitenciaria, ya sea en el trato directo con los detenidos, sea en la visita y acompañamiento de sus familiares.

 Que María bajo la advocación de Nuestra Señora de Itatí, nos ayude en nuestra vida cotidiana a ser misioneros de su Misericordia.

Comisión del Año de la Misericordia de la Arquidiócesis de Corrientes