Con la Virgen María entremos de lleno en la celebración del misterio de nuestra salvación, la Pascua de Cristo.

El celebrante dice el Domingo de Ramos: "...sigamos al Señor para que, por la gracia que brota de su cruz, lleguemos a tener parte en su resurrección y vida". Y después de esta invitación se hace la entrada de la asamblea al templo con los Ramos bendecidos.

Todos queremos ir con Jesús a Jerusalén, para entrar místicamente con Él en el misterio de la redención. ¡Y para ello nada mejor que aceptar la invitación de la Virgen María de caminar con ella cada celebración de la Semana más Santa del Año.

Ella vivió la entrada de Jesús a Jerusalén, y desde la fe sabía que Jesús estaba anunciando su reinado eterno y universal, pero también sabía que en el camino Jesús, como Servidor del Señor, tenía que llevar los pecados de la multitud al cargar con la cruz. Y María tuvo entonces la seguridad de que la “espada de dolor” ya estaba cerca.

El viernes antes del Domingo de Ramos celebramos a Santa María junto a la cruz, precisamente para acercarnos a ella, tomarnos de su mano, y comenzar a caminar vivencialmente los misterios de nuestra fe.

Que Ella nos ayude a re-descubrir el amor misericordioso del Padre en la divina misericordia del Corazón de Cristo.

¡Por tu amor y tu pasión, ten piedad de mí, Señor!