(31-oct-2017) Mensaje del arzobispo con ocasión de la Jornada de Oración por la santificación del pueblo argentino y la glorificación de sus siervos de Dios.

A los Sacerdotes Párrocos y Vicarios 

y a toda la Comunidad de fieles cristianos de nuestra Arquidiócesis

¡Paz y todo bien en el Señor Jesús!

En este breve escrito deseo compartir con todos ustedes algunos sentimientos y pensamientos, que me surgen con ocasión de la 21ª Jornada de oración por la santificación del pueblo argentino y la glorificación de sus siervos de Dios, que celebra la Iglesia en la Argentina el 1º de noviembre, dado que esta fecha estaré acompañando la Iglesia hermana de Orán, Salta, que está huérfana de pastor y ora por la llegada del nuevo obispo. Les encomiendo que recen también por esta intención. Pero, por sobre todo, los invito a que recen y animen a rezar a sus comunidades, para que los argentinos seamos un pueblo más santo y, al mismo tiempo, tengamos más ejemplos que nos entusiasmen a entrar por el camino de la santidad.

El día en que la Iglesia universal conmemora a Todos los Santos, nosotros, en la Argentina, estamos convocados a rezar por la santificación del pueblo argentino. Orar por esta intención, es pedirle a Dios que los argentinos y las argentinas seamos santos, porque lo mejor que nos puede pasar es que nos vayamos convirtiendo en el Santo Pueblo de Dios.

Santo no quiere decir transformarse en un ser de “otro mundo”, eso en todo caso sería un alienígena, o alguien que estaría fuera de sí. En cambio, los santos son hombres y mujeres que se entusiasmaron por la persona Jesús, se sintieron profundamente amados y transformados por Él, y se “arremangaron” para entregar toda su vida al servicio de los otros, especialmente de los que más sufren. En otras palabras, el amor de Jesús y el amor a Él, impulsaron a esos hombres y mujeres a meterse de lleno en el barro de este mundo, para llevar a los que están embarrados un poco de luz, de paz y de dignidad. Ahí tenemos, entonces, esos luminosos ejemplos como es el Cura Brochero, Antonia de San José Figueroa, Laura Vicuña y tantos otros.

Acabamos de nombrar, decíamos, unos ejemplos luminosos que la Iglesia nos propone como modelos. Pero los hay, podríamos decir, menos luminosos, pero no necesariamente menos santos. En camino de ser santo es, por ejemplo, el esposo fiel a su mujer; la madre dedicada generosamente a sus hijos; el joven o la joven estudiante que se esfuerzan por ser buenos compañeros, cercanos a los que los demás desprecian y discriminan, y responsables en su estudio; el abuelo o la abuela que tienen paciencia y ofrecen sus achaques por el bien de sus hijos y de sus nietos, que no reniegan y viven con alegría y paz su ancianidad; el trabajador que cumple bien con su trabajo, o el empresario que es justo, equitativo y generosamente solidario con sus empleados; el funcionario público que es honesto, insobornable y entregado el bien común, un promotor convencido de la cultura del encuentro, y atento especialmente a los más pobres y marginados.

¡Díganme si los argentinos no estamos urgidos a entrar de cuerpo entero por el camino de la santidad! ¡Qué importante es, entonces, que recemos por la santificación del pueblo argentino! Porque la santidad es una gracia y una misión, un don, como es un don la vida y, por consiguiente, también una tarea, una responsabilidad que nos exige cultivar y hacer fecunda esa gracia.

Al final, con ocasión de esta Jornada, se nos exhorta a rezar también por la glorificación de los Siervos de Dios: ¡casi 50 argentinos y argentinas! que están en proceso de ser declarados santos, para que el ejemplo de su vida cristiana y su intercesión nos entusiasmen y sostengan en el camino de la santidad. La gracia de la santidad –nos dice la gacetilla que nos motiva para esta Jornada– hace a los cristianos personas dichosas y serviciales, allí en el lugar que ocupa cada uno, para gloria de Dios y la edificación de una sociedad en paz, justicia y solidaridad. De este modo nos convertimos en misioneros de la misericordia, que es el único camino que nos lleva al cielo.Mons.

Andrés Stanovnik OFMCap.

Arzobispo de Corrientes