(17-nov-2017) Mensaje de nuestro arzobispo Stanovnik sobre la Jornada Mundial de los Pobres a celebrarse el tercer domingo de noviembre.


A los Sacerdotes párrocos y vicarios, a los Diáconos permanentes y Personas consagradas, a los Responsables de las Comunidades educativas, Instituciones y Movimientos, y a toda la Feligresía de la Arquidiócesis

 

¡Paz y todo bien en el Señor Jesús!

Como sabemos, el papa Francisco ha propuesto a toda la Iglesia la celebración de la Primera Jornada Mundial de los Pobres, y ha enviado un Mensaje en el que revela la intención de que esta nueva Jornada mundial “aporte un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas [las Jornadas] en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres” (6).

Una Jornada que interpela

La pobreza, leemos en el Mensaje del Papa, “nos desafía todos los días con sus muchas caras de dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada” (5).

Muchas de esas caras pueden ser identificadas en nuestra comunidad arquidiocesana y, en general, en la sociedad correntina. Aun con los grandes esfuerzos que realizan los diversos organismos diocesanos como de otras confesiones religiosas, las entidades no gubernamentales, y también los organismos del estado, para socorrer las necesidades de los más desprotegidos y de brindar oportunidades para su promoción humana, las llagas de nuestra sociedad están a la vista de todos, para lo cual deberíamos hacer mucho más de lo que estamos haciendo.

Interpelados, queremos responder

Como respuesta a la invitación que nos hizo el Santo Padre para realizar esta Jornada, los obispos argentinos decíamos que “alentamos y animamos a las comunidades, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado, a disponer lo necesario para que esta Jornada se desarrolle como fiesta de la misericordia junto a los más pobres y a los que sufren” (Mensaje, agosto 2017, 1). En ese espíritu, nosotros mismos hemos valorado la oportuna y providencial extensión del Año de la Misericordia ­­−que propuso el papa Francisco con la proclamación de la Primera Jornada Mundial de los Pobres−, y para ello, en la reciente reunión de Consejo Arquidiocesano de Pastoral, volvimos a recordar e insistir que en todas las comunidades parroquiales se tenga una forma organizada de caridad para con los más pobres, preferencialmente a través de Cáritas. Este es uno de los principales compromisos, que hemos asumido como comunidad diocesana, al concluir el Año de la Misericordia. En este sentido, se destacó especialmente el servicio generoso y constante que realizan los jóvenes del “Buen Samaritano”, acercando un plato de comida a las personas que viven en la calle y, además, el trato cercano y afectuoso que establecen con ellos.

Con Jesús en el centro junto a los pobres

A nivel arquidiocesano se propuso elaborar un guion litúrgico común para todas las celebraciones que se realicen durante esta Jornada, subsidio que nos enviará oportunamente la Comisión Arquidiocesana de Liturgia. A propósito de la oración, dijimos que la Jornada es una providencial ocasión para poner a Jesús en el centro, reconociendo que en el pobre se revela el rostro de Cristo. Así lo recomendó el Santo Padre en su Mensaje: “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles” (3). Y también nos recordaba que “el fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres (…) el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común” (8).

Por ello, antes de pasar a las iniciativas concretas, tengamos presente que la cercanía a los pobres “será el momento propicio para encontrar el Dios que buscamos, sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente” (7). Con esa disposición interior, comparto a continuación varias iniciativas que se propusieron en la mencionada reunión, para que las conversen, disciernan y concreten con la ayuda de sus respectivos Consejos, en las comunidades, en los movimientos e instituciones, de tal modo que se haga realidad el lema de esta Jornada: No amemos con palabras sino con obras. Por ejemplo, se invitó a realizar algún gesto evangelizador especial en los lugares donde tienen comedores; celebrar la Eucaristía en asentamientos de la periferia; recolectar víveres y compartir una comida con los pobres del vecindario; destinar la colecta de esa jornada, o parte de ella, para socorrer alguna persona o familia que está necesitada de una ayuda urgente; conformar grupos misioneros, que durante esa jornada visiten los hogares de las familias más humildes y compartan con ellos; y otras iniciativas que surjan de la creatividad pastoral de cada comunidad.

Para concluir, recomiendo encarecidamente a los Párrocos y Vicarios, de un modo particular a los miembros de los Consejos pastorales y de asuntos económicos, y a todos los que colaboran estrechamente en la animación de las diversas áreas pastorales, la lectura y reflexión del Mensaje del papa Francisco para esta Primera Jornada Mundial de los Pobres. Asumamos con mucho entusiasmo y responsabilidad la petición que nos hace el Santo Padre al finalizar su Mensaje: “Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo” (9).

Ante la Cruz de los Milagros y bajo el amparo de nuestra tiernísima Madre de Itatí, dispongámonos a renovar nuestro compromiso de ser misioneros de la misericordia, y activos colaboradores en la construcción de la cultura del encuentro y la amistad social.

Corrientes, 3 de noviembre de 2017

Mons. Andrés Stanovnik OFMCap.

Arzobispo de Corrientes