(18-nov-2017) A la lista de celebraciones anuales el papa Francisco añade la Jornada Mundial de los Pobres que anima la vivencia de la solidaridad.

Esta jornada –dice– “aporta un elemento delicadamente evangélico” y “completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres”.

“Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia –dice el pontífice– la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados”.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial”.

Esta Jornada tiene –entonces– como objetivo:

  1. “en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro”.
  2. “Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad”.

El papa expresa también el deseo de que “las comunidades cristianas… se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta”.

“El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres.

Pide el papa Francisco que “esta Jornada Mundial de los Pobres… sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo”.

“…compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda”.

“Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”.