(23-02-2016) La Biblia nos invita a la penitencia. Las penitencias son medios que animan la conversión hacia Cristo que viene a nuestro encuentro. Por eso en la Iglesia hay Días Penitenciales.

Sentido de la penitencia, ayuno y abstinencia

La penitencia exterior -el ayuno y la abstinencia- manifiesta nuestra penitencia interior, y a la vez nos permite expresar nuestra pertenencia a la comunidad cristiana.

Con respecto a la penitencia interior, dice el Catecismo de la Iglesia: “La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron "animi cruciatus" (aflicción del espíritu), "compunctio cordis" (arrepentimiento del corazón) (Cf. Cc. de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4). (Catecismo n.º 1431)

Ayuno y Abstinencia

Ayuno es comer menos de lo que habitualmente consumimos por día. Y lo hacemos para unir nuestro sacrificio al sacrificio de Cristo en su camino hacia la cruz. No lo hacemos por placer, por masoquismo: soportamos el hambre como un sacrificio por amor a Cristo y a su reino; y buscando nuestra conversión.

Depende del físico y de la salud de cada uno. Generalmente se dice que una comida fuerte al día, y luego algo como para no decaer o desmayarse por el hambre.

El agua es una necesidad básica del organismo, por eso no entra dentro del ayuno, y menos de la abstinencia.

Hay personas que no pueden ayunar; por ejemplo las diabéticas. Y, en todo caso, nunca con el ayuno debemos permitir que nuestra salud corra peligro.

Abstinencia es abstenernos de algo, también como un sacrificio. La abstinencia puede ser de carne y/o de bebidas alcohólicas. En la Argentina, cuando no podemos hacer abstinencia, la podemos reemplazar por obras de misericordia (servicios que prestamos al prójimo necesitado) y/o por una práctica de piedad (rezo del rosario, o vía crucis, o alguna otra devoción).

Los días de ayuno y abstinencia

Son dos: el Miércoles de ceniza, y el Viernes Santo.

Días que son de abstinencia solamente

Todos los viernes durante al año, a no ser que coincidan con una solemnidad. Por ejemplo, el viernes de la solemnidad del Sagrado Corazón no es día de abstinencia.

Como vemos, los viernes de cuaresma en realidad no se diferencian en este sentido de los otros viernes durante el año. Porque todos los viernes del año son penitenciales, de abstinencia. Muchos ayunan -como un ofrecimiento personal- todos los viernes del año, y no solamente el Miércoles de ceniza y el Viernes Santo.

En cuanto a la edad

La abstinencia está mandada a quienes han cumplido 14 años; y el ayuno a quienes han cumplido 18 años.

Abstinencia y Ayuno dejan de ser obligatorios para las personas que han cumplido 59 años. A partir de los 60 queda en cada uno continuar o no con la práctica, en la medida de las posibilidades de cada uno.

Aclaraciones

Hay gente que piensa que la abstinencia es igual a no comer carne vacuna. Y se manda un festín con chupín o pescados a la parrilla. ¿Dónde está la penitencia? Esa persona no comprende el sentido de la abstinencia como penitencia, a no ser que no le guste el pescado y coma mucho, como un sacrificio. ¡Pero eso no tendría mucho sentido!

Para los vegetarianos, obviamente, la abstinencia de carne no corre como penitencia; sí la abstinencia de bebidas alcohólicas, en el caso de que las consuma habitualmente.

Quien es vegetariano y no consume bebida alcohólica cuenta con la posibilidad de realizar obras de misericordia o de practicar una obra de piedad.

Hay católicos que el Viernes Santo hacen abstinencia de carne y no participan de la Celebración de la Pasión del Señor con la comunidad ¿qué sentido tiene esa abstinencia si no participan de los misterios de la fe? Y lo curioso es que muchos de nuestros hermanos cristianos quedan en sus casas jugando a la lotería, porque según ellos cumplen con el rito del “sorteo de la túnica del Señor”.

¡Cuánto falta por hacer en el campo de la evangelización en este sentido, y de la verdadera compresión de la fe! La misericordia del corazón de Cristo nos impulsa a dialogar, a aclarar estas cuestiones, para no quedarnos en exterioridades, sino para que crezcamos en la libertad de los hijos de Dios.