Dice san Pablo: Omnia autem probate, quod bonum est tenete, es decir, “examínenlo todo y quédense con lo bueno”. (I Tesalonicenses 5,21)

Este principio es útil a los cristianos para discernir cualquier práctica, sobre todo la oración y la meditación: para aceptar o no técnicas o métodos gestados fuera del cristianismo. 

En latín probare significa probar, examinar, tratando de descubrir el lado fuerte y/o débil de lo que se nos propone. Sobre todo hay que examinar lo que aparece como bueno, porque quizás con un examen profundo aparezca el lado no conveniente. No todo es lo que parece, dice el refrán; y justamente por eso hay que discernir. 

Quod bonum est, ahí está lo más importante. "...con lo que es bueno". Hay que asumir lo bueno, bonum. ¿Cuándo algo es bueno? Para el cristiano hay una sola respuesta: algo es bueno para el hombre cuando ese algo es compatible con la Revelación, con la fe, con la voluntad de Dios. El criterio de lo bueno siempre será el designio de Dios, Creador y Salvador. De ahí lo fundamental que es la Biblia, como palabra de Dios. Fuera del cristianismo hay otros criterios para lo que sería bueno...

Quienes creemos en Cristo aceptamos la Biblia como revelación de Dios, profesando que el Espíritu Santo es el autor principal. Esta Revelación nos presenta a Dios saliendo al encuentro del hombre, para perdonar, para liberar del pecado y de la muerte; realizando este plan en Cristo, por Cristo, y para Cristo. El hombre es invitado a recibir una vida nueva, la que llega a plenitud en el cielo.

Según el cristianismo la oración es una comunicación con Dios, un apertura para escuchar su Palabra y conocer su voluntad. Estamos convencidos, por inspiración del Espíritu Santo, que debemos mirar y escuchar a Cristo, para aprender de Él. Biblia-Oración, Oración-Biblia: van juntas, son inseparables, porque el contenido de la oración cristiana es lo que encontramos en las Sagradas Escrituras. No creemos en cualquier cosa, ni tampoco decimos cualquier cosa en la oración.

Al orar Jesús muestra que su Padre Dios ocupa el centro de su vida, y que lo más importante es hacer lo que su Padre quiere. Por eso la oración del cristiano busca, en el silencio, lo que Dios podría estar mostrando. Y cuando Dios muestra su voluntad, también da la gracia necesaria para llevarla a la práctica.

Oramos y meditamos, no para sentirnos bien o para encontrarnos con nosotros mismos. Nuestra oración y meditación es para encontrarnos con nuestro Creador y Salvador, para dejarnos iluminar y fortalecer. Este encuentro con Dios nos saca de nosotros mismos, para ir al encuentro de los demás, impulsándonos a la evangelización y a las obras de misericordia.

Otro de los criterios, sacados de la Biblia, es que oramos como miembros de la Iglesia, en comunidad. Por eso la oración más importante es la que la Iglesia celebra en la Liturgia, sobre todo la santa misa. No hay oración más importante.

Concluyendo: pensemos en estos criterios a la hora de recibir invitación para algún grupo de oración, o de meditación. La verdadera oración es la que nos lleva a la conversión constante y a la comunión con Cristo, la que nos alienta a vivir en comunidad, la que nos ayuda a perdonar y a ser solidarios.