(30-sep-2019) El 30 de noviembre de este año se cumple el centenario de Maximum illud, carta apostólica del papa Benedicto XV (1914-1922).

El nombre Maximum illud se debe a las dos primeras palabras del párrafo que inicia la carta: Maximum illud sanctissimumque munus quod, suo iam instante ad Patrem reditu, Dominus Noster Iesus Christus discipulis demandavit, cum dixit: Euntes in mundum universum praedicate evangelium omni creaturae,  non erat sane Apostolorum vita terminandum, sed apud eorum successores perpetuandum usque ad consummationem saeculi, quoad scilicet futuri essent in terra homines, quos veritas liberaret.

El papa Benedicto XV

Conviene recordar brevemente que Santiago della Chiesa acepta el papado con el nombre de Benedicto XV el 3 de septiembre de 1914 sucediendo a Pío X fallecido el 21 de agosto de 1914 a un mes del inicio de la primera guerra mundial.

La mitad del pontificado de Benedicto XV transcurrió durante la guerra, destacándose como el papa de la paz: por su diplomacia, por la ayuda a prisioneros, y por la organización de distintos servicios.

Promulgó en 1917 el Código de Derecho Canónico que había iniciado y avanzado el papa Pío X, siendo de gran ayuda para la vida y desarrollo de la Iglesia y su misión en el mundo.

Corazón misionero del papa Benedicto XV

Sin embargo su preocupación más importante fue las misiones de la Iglesia, decaídas por “las profundas y peligrosas heridas que les han ocasionado la guerra”, según sus mismas palabras; quien también expresó: “…abrigamos la confianza de que presto tornarían las misiones a reverdecer…”. Justamente para animar su reverdecimiento firma la carta Maximum illud.

Las “heridas” causadas por las guerras tienen que ver con el decaimiento en el número de misioneros, los pocos recursos económicos que llevaron al cierre de centros de salud y de educación en muchos lugares de misión, las dificultades legales para la entrada de misioneros en tierras con sistema colonial, etc. La carta de Benedicto tiene no solo el mérito de reflexionar sobre estas “heridas” proponiendo orientaciones concretas sino también el de ser la primera carta que trata, de punta a punta, sobre la misión evangelizadora.

Maximum illud

En esta carta magna de la misiones encontramos la convicción del papa Benedicto de que el evangelio es una riqueza para toda la humanidad. De allí que la misión sea “máximum illud sanctissimumque munus”, es decir, “tarea máxima y muy santa” (munus máximum et sanctissimum, en latín). Evangelizar a través de las misiones de la Iglesia es la tarea más grande, hacia la cual se encaminan las fuerzas y recursos más importantes.

En la tercera parte de la carta el papa Benedicto XV en la que habla de la colaboración de todos los fieles dice: “Tiempo es ya de dirigir nuestra palabra a todos aquellos que, por especial gracia del Señor misericordioso, gozan de la verdadera fe y participan de los innumerables beneficios que de ella dimanan”. Los creyentes, impulsados por el amor que Dios ha derramado en sus corazones y en gratitud por ese don, son invitados a colaborar en los siguientes puntos:

La oración. Porquevana y estéril ha de ser la labor del misionero si no la fecunda la gracia de Dios”.

Las vocaciones misioneras. Una persona que va a la misión no es una pérdida para la comunidad diocesana,“ya que por cada uno que permitáis salga fuera de ella, el Señor os suscitará dentro muchos y mejores sacerdotes”.

La limosna. Porque “quien tiene bienes de este mundo y, viendo a su hermano en la necesidad, cierra las entrañas para no compadecerse de él, ¿cómo es posible que resida en él la caridad de Dios?” (1Jn 3,17).

Obras de ayuda. Recomienda la inserción en instituciones de ayuda para las misiones, ya sea porque ayuda a la concientización de la urgencia de la evangelización ya sea porque invita a la colaboración efectiva.

Conclusión: el papa Francisco nos ha llamado a celebrar el centenario de esta carta magna con un Mes Misionero Extraordinario, festivo, lleno de gratitud. Que nos quede la convicción del papa Benedicto XV de que Jesucristo y su evangelio son riquezas para toda la humanidad, para cada persona humana. Para que, con la ayuda de los sucesivos documentos referidos a la misión, formemos parte de la aventura de buscar primero el reino de Dios y su justicia.

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