(2-oct-2019) Los ángeles aparecen en la revelación bíblica, por lo que su existencia es una verdad de fe para el cristiano.

No son seres materiales sino espíritus puros, creados para estar en la presencia de Dios, y a su servicio.

Algunos de estos espíritus se rebelaron contra Dios, rechazando la voluntad y el proyecto de Dios. A estos los llamados demonios.

Y a quienes permanecieron fieles al proyecto de Dios los llamamos ángeles, cuya memoria celebramos el 2 de octubre. A los ángeles con misiones especiales los llamamos Arcángeles, y su fiesta es el 29 de septiembre.

Según la Biblia cada humano cuenta con un ángel, para protección, cuidado y guía en el camino de la vida. Mientras caminamos, por tanto, como peregrinos en este mundo, rumbo a la casa del Padre Celestial, cada uno de nosotros está acompañado por un ángel. La última misión del ángel de la guarda es precisamente ayudarnos a llegar a la meta: la Jerusalén del Cielo.

El ángel nos protege de los peligros: principalmente del peligro del pecado, de salirnos de los proyectos de Dios; porque el demonio disfraza el bien de mal, y el mal de bien. El ángel de la guarda nos alienta a escuchar a Cristo, Palabra eterna del Padre, a seguir la guía y enseñanza del Espíritu Santo, a fin de que no caigamos en la rebeldía.

Quienes más necesitan de la ayuda del ángel no son los niños sino los adultos, porque somos los adultos quienes podríamos perder el camino que Jesús nos dejó marcado en los evangelios. ¡Lástima que, cuando se habla de ángel de la guarda, la mayoría piense en un ser que protege solo a los niños…!

Para ir terminando: los ángeles siempre fueron ángeles; no son personas humanas fallecidas en la niñez. Porque todavía hay personas que piensan que los niños fallecidos se convierten en angelitos. Los ángeles no tienen edad; no son niños o adultos. ¡Son seres espirituales, sin cuerpo por tanto! Si alguna vez se hacen notar tomando una cierta forma humana es solo por la misión que Dios le encomienda en la Historia de la Salvación.

Confiemos en la presencia, asistencia, compañía y poder del ángel que Dios ha querido que esté con nosotros en el camino hacia el Cielo. Confiemos, y seamos obedientes a sus inspiraciones.